Para mí, Walí significa «amigo de Dios». Elegí este nombre porque así me siento, y porque creo que todos podemos cultivar esa amistad: acercarnos a Él, reconocer su presencia y compartir su amor a través de nuestras acciones.
En las distintas travesías de mi vida, entre alegrías, errores y momentos difíciles, he encontrado una presencia constante: Dios. Su fidelidad y misericordia me han sostenido, y de esa gratitud nace mi deseo de servir.
Walí es una manera de poner lo recibido al servicio de los demás: tender una mano, abrir oportunidades y aportar un granito de arena para que alguien encuentre apoyo en su camino.